Wednesday, 12 September 2012

Competente y competencia Describir – Explicar – Justificar


Tal cómo prometí en el post anterior, continuamos

Cada vez que oigo la pregunta “¿qué es una competencia?” me viene a la mente la maravillosa metálogo escrito y descrito por Bateson. Los metálogos son diálogos (probablemente ficcionales) en los que una “hija” plantea exactamente las preguntas apropiadas para el mejor lucimiento del padre. (Sospecho que los que somos padres de verdad a menudo añoramos este mundo luminoso de vástagos curiosos y disciplinadamente inteligentes, pero esa es otra cuestión).

En uno de los “metálogos”, la “hija” pregunta “¿Papá, qué es un instinto?”
Y Papá, listo como él solo, no cae en la trampa de intentar
dar una definición del tipo “un instinto es aquello que permite a los animales....” sino que contesta “es un principio explicativo.”
“¿Pero qué es lo que explica?” responde la niña, y el padre (observen de cerca) contesta
“cualquier cosa, casi cualquier cosa que quieres que explique”.
- Nótese que algo que explique “cualquier cosa”, evidentemente, no explica nada -
La hija pilla esto porque dice en seguida “no seas tonto Papá – no explica la gravedad”.
Pero el padre, brillante, responde “No, pero eso es porque nadie quiere que explique la gravedad si quisiéramos la explicaría. Diríamos “la luna tiene un instinto cuya fuerza varia en proporción inversa a la distancia al cuadrado...”
“Pero esas son tonterías, Papá” “Desde luego pero tú mencionaste instinto no yo” “Vale, pero ¿qué es lo que sí explica la gravedad?”
“Nada, cariño, porque es un principio explicativo”.

“Competencia” no es que sea un principio explicativo, pero es igualmente una trampa para incautos pretender identificar lo que “es” una de ellas. Intentaré explicar.

Como he comentado en otros lugares, el hecho de que algo tenga nombre no quiere decir que exista - más allá de la imaginación. Tampoco quiere decir que la cosa nombrada exista como una sola cosa. De hecho solo quiere decir que alguien ha conectado un sonido (o símbolo) a una experiencia ( o una serie de experiencias que ha agrupado como una). Pero el hecho de crear y de popularizarse un nombre crea y perpetua ambas ilusiones: la de existir y la de la singularidad o unidad.

De esta manera puede ocurrir, a veces, que hay un nombre pero que no existe fenómeno alguno a que se esté haciendo referencia. Este es el caso de los “filtros perceptivos” o “la mano invisible en la economía” o la “energía psíquica”. Estos ejemplos pueden ser fruto de metáforas aplicadas sin cuestionar. Piense el lector que afirmar que “para algunas personas es como si existiese filtros perceptivos/ una mano invisible en la economía/ energía psíquica” etc. es muy diferente que utilizar las etiquetas directamente como descripciones del mundo. También pueden ser el resultado de la repetición de mitos consagrados (“si lo dijo Adam Smith/ Sigmund Freud tiene que ser el caso”) o directamente de errores de pensamiento u observación (no notar que el hecho de que un sistema se asiente o estabilice no es lo mismo que corregirse o que la percepción es un proceso activo y selectivo, no pasivo y filtrante o que las personas respondemos ante el significado de las cosas respuesta que requiere de energía colateral para poder producirse sin que ninguna transferencia directa de energía en la psique).

La segunda ilusión – que hay un solo fenómeno cuando, de hecho, puede haber varios simultáneamente – es parecido a la descripción de un síndrome en la medicina o – más aún – en la psicología. Algo parecido ocurre con la “inteligencia emocional”, el “coaching”, la “motivación”. Diferentes personas o instituciones se refieren a muchas cosas diferentes con la misma palabra proporcionando así la apariencia de estar hablando de lo mismo. Esto no es un ejemplo de lo que a veces se llama polisemia sino de diferentes personas haciendo diferentes agrupaciones de ideas y experiencias y utilizando la misma palabra. La dificultad ocurre cuando intentan resolver las diferencias intentando definir que es ese “algo” a que todos se están refiriendo, sin tener en cuenta que puede no ser nada o que puede ser varias cosas a la vez.

Continuará...


2011 a 2012 Un Año Revuelto.... y Fascinante


2011 2012 ha sido un año muy especial. Empezó con lo que, para mi, ha sido el acontecimiento más significativo en términos de mi propio aprendizaje, y el avance de la ciencia de educación en general cuando John McWhirter hizo público su trabajo más reciente sobre el aprendizaje en un taller experiencial de dos niveles: “El Arte y la Ciencia de la Enseñanza y Aprendizaje Efectivos”.


Este taller fue una revelación para mi – y según creo para todos, o casi todos , los participantes (creo recordar un caso aislado de incomprensión). Primero porque fue una integración efectiva de todas las diferentes aproximaciones al aprendizaje, desde Ebbinghaus a Kolb pasando por Watson, Ryle, Dewey, Bateson y unos cuantos
más, incluidas las tradiciones orientales. Especialmente interesante para mi fue la manera de relacionar y combinar las nociones de condicionamiento (clásico y operante) con el aprendizaje mecánico (rote), aprender a aprender, aprendizaje activado, aprendizaje e la innovación personal (o “aprender a aprender a aprender”).


Todo esto hecho partiendo de un modelado completo, dinámico, relacionado y estrechamente conectado con la realidad el taller fue un ejemplo en vivo de aprender a aprender a aprender combinando e integrando donde la mayoría de las aproximaciones separan y objetivan eclécticamente. Si hiciera falta una demostración de que la DBM ®  es una metodología capaz de enfrentarse de forma realista, efectiva y completa esta era tal demostración.


A partir de allí hubo el magistral taller que impartió McWhirter en la UAH, “Transiciones en el Aprendizaje”,  taller que sirvió también para investigar la relación dinámica entre emociones y aprendizaje. El modelado transicional de McWhirter sirve especialmente para entender y gestionar dinámicamente - y en detalle - el cambio y aprendizaje sin las dificultades y tropezones que conlleva el clásico modelado de causa - efecto. Es decir que conecta “seamlessly” (literalmente sin costuras) con la experiencia.


Y, más recientemente, trabajo con grupos interdisciplinares sobre el ya manido pero poco entendido tema de competencias. Y en paralelo con un grupo monodiscplinar sobre el mismo tema. Las experiencias han sido muy diferentes pero siempre enriquecedores. Aprovecho aquí para agradecer y halagar la excelente trabajo de Leonor Margalef y Alejandro Iborra en la Calidad e Innovación Docente dentro de cuyo marco he podido desarrollar estos trabajos.


Entrando más en materia. Es notable que muchos profesores universitarios se encuentran perplejos ante lo que ampliamente se puede llamar “lo de Bolonia”. Dicha perplejidad no hace sino aumentar ante la aparente claridad y sencillez de algunos de los “conceptos” que, de hecho, distan mucho de ser claros o sencillos. Uno de ellos es la noción de “competencias”.


Continuará...